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Hacerle la vida imposible a los demás porque te sientes mal, está del nabo. Fingir que estás perfecto y que nunca te a pasado nada porque lo controlas todo o porque eres muy maduro, quizá no "haga olas" pero definitivamente no ayuda al mundo que cada vez está más frenético en aparentar lo que no es.
Los domingos generalmente voy a caminar con mi amiga Paulina por alrededor de dos horas y media. La caminata, que muy bien nos hace físicamente, nos sirve para compartir lo que estamos pasando y eso es genial. Ninguna de las dos espera que la otra le arregle sus problemas, ni que se sienta del nabo por una especie de "empatía" mal enfocada. Cuando platicamos lo hacemos para compartir que no, la vida no es perfecta, pero a que aquí estamos dándole lo mejor que podemos y también para escucharnos a nosotras mismas lo que durante la semana nada más pensamos. Es muy valiosa la plática sin expectativas ni obligaciones.
Hace algunos domingos le comentaba a mi amiga justamente…
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El sentido de ser

Los días pasan, se van, como dice mi mamá, cual hilo de media.

Y uno está parado en el hoy mirando hacia atrás construyendo mentalmente un cúmulo de días de calendario que de alguna manera deberían haber hecho de hoy algo sobresaliente, y no. ¿No?

¿Cómo medimos la valía de los días pasados?

Hacemos una suerte de balance mal llevado. Medimos nuestro hoy respecto de nuestras expectativas: "es que ya hubiera acabado la tesis", "es que ya hubiera escrito un libro", "es que ya debiera tener un futuro asegurado" (como si eso fuera una meta razonable), "es que sigo siendo la misma" (ni modo que pierda mi identidad), "es que todavía no me siento realizada" (¿es que soy de mentiras?), "es que todavía no sé a qué vine a este mundo" (síndrome del mesías)… Y me puedo quedar en el "es que" por toda la eternidad siempre planteándome en falta con respecto al futuro y convirtiendo esa falta en un látigo para azotar el pasado "…

Realidad, visualización, recuerdo, imaginación (el arte de ver)

Estoy recostándome en el camastro, eso no lo recuerdo muy bien. Lo que sí recuerdo fue el impacto visual de “realidad” desarrollándose con los ojos cerrados. Apenas había bajado los párpados y la imagen apareció más nítida, más real que la vida misma. Estaba ahí con lujo de detalle la esponjocidad aumentada y en alta definición de un hotcake. Como si lo estuviera viendo de frente y yo fuera más pequeña que el grosor del hotcake.

Era un hotcake cortado, o a penas acabado de cortar porque se recuperaba de la presión del corte, se volvía a hinchar y su masa era como un abrir de poros lento y elástico.

La visualización duró un momento porque abrí los ojos de inmediato sorprendida por lo que acababa de presenciar. Y entonces me quedó muy claro la diferencia abismosa entre visualizar e imaginar. La visualización tiene la claridad de lo real sólo que elevada, así que parece más real.

Sólo lo real adquiere esa característica, la de la visualización, cuando estás completamente entregado a la …

La niña interior

Todos tenemos un niño interior, es esa memoria de experiencias no procesadas, no integradas, no reevaluadas que quedan pendientes formando una identidad que puede estar muy callada y de pronto salir con todos sus miedos a descomponerte tu experiencia actual… o mejor dicho, a que uses tu experiencia actual para que proceses lo que quedó pendiente ahora que tienes más armas.

A mí hablar con los niños no es algo que me encante, en realidad no me gusta, así que cuando la sugerencia para resolver mis miedos fue hablarle a mi niña interior, la verdad es que no sabía como abordar el punto. Lo único que me quedó claro es que sentía una niña muerta de miedo dentro de mí, pero no pude hacer mucho porque hice lo mismo que cuando quieres que alguien se sienta bien, le dices: no te preocupes, tu eres fuerte, vas a salir adelante, es tu imaginación, ya va a pasar, etc. Eso no resuelve nada, no ayuda y no quita el miedo.

Empecemos por algo fundamental. Los miedos se quedan sin resolver porque no te…

Kashmir, como la si fuera la primera vez

Ahí están, llenos de arrugas, canas, manos de viejos, vidas acumuladas, vivencias al por mayor. ¿Cuántas veces habrán tocado esta canción?

Los veo y me parecen la perfección personificada. Algo así como lo que desearía, a mi modo, tener para mí. Eso me deseo, eso que estoy viendo me deseo.

Acumulas años y sigues, sigues igual. Tocas una y otra vez esta canción y cada vez la cantas y la tocas como la primera vez. Te das como arte, entrega, ensayos, corporalidad, alma. Te entregas. Haces que parezca que este momento es el único que importa, que todo ha sido para este momento… y lo es así una y otra vez.

Eres tú el que toca esa guitarra tal y como dirige el verdadero maestro a su propio cuerpo. Eres tú el que no sólo canta sino que interpreta y virtuosamente coloca las notas que salen del cuerpo a otro cuerpo. No eres un personaje, eres tú. No eres una edad, eres tú.


Yo

Mi vida, desde aquí, es un planeta de dos lunas. Es el lugar eterno de una luna menguante y otra llena.

Mi vida, desde aquí, es una libreta cosida a mano de tapas de cuero y papel amarillo que resguarda palabras sepia como si estas fueran el más grande de los secretos.

Mi vida, desde aquí, son dibujos a mano que se distinguen por estar manchados por la tinta que escurre de la plumilla y me empapa los dedos.

Soy aroma de especias suaves y profundas, sutiles y complejas. Soy una onda musical que consigo lleva implícito el silencio. Soy posibilidad incluso de la imposibilidad que por sí me sostiene como una promesa de revelaciones, como una promesa de luz en este espacio en el que habitan las sombras.

Soy oscuridad que desde abajo donde no hay nada va emergiendo reclamando su existencia.

Soy misterio que desea ser resuelto sin dejar de ser misterio.

En este barco el timón no tiene la última palabra

No sé muy bien de qué va este post porque hay varias cosas que quiero decir y no sé cual sea esa que me impulsa a escribir.

De entrada he pensado que necesito compartir algo sobre la ansiedad porque pensaba que ya estaba dominada, pero no. Y más vale que escriba rápido antes de que mi bienestar me haga creer que no es importante y me aleje tanto de ella que en un rato me haga considerar que la persona de la ansiedad y yo ahora somos distintas.

Había estado pensando antes en que la empatía hacia el ansioso o la comprensión de la ansiedad como experiencia es poca porque siempre se le ve desde lejos. Lo que pasa es que la ansiedad lo aleja a uno incluso de sí mismo. ¿Cómo puedo escribir esto?

La ansiedad es un no-estado en tanto desfase de uno mismo. No es que seas otro o te salte otra personalidad, no. Ahí estás presente pero tu sentir no corresponde a tus circunstancias reales y por tanto carece de lógica ante los observadores. Pero esto no quiere decir que no haya un razonamiento, lo…